jueves, 23 de agosto de 2012

Las ropas desceñidas,
desnudas las espadas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.

Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.

La vi como la imagen 
que en leve ensueño pasa,
como rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.

Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma:
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba.

Mas, ¡ay!, que de los ángeles 
parecían decirme las miradas:
-El umbral de esta puerta 
sólo dios lo traspasa.

Gustavo Adolfo Bécquer
Nada es real, no hay nada por lo que preocuparse. Campos de fresas para siempre.
John Lennon.